NO AL TORO  DE  FUEGO

En el PERIODICO DE ARAGÓN, del pasado día 15 de mayo de 2016, en la sección de OPINIÓN DE LOS LECTORES, un artículo  sobre el toro de fuego que me pareció muy interesante por coincidir exactamente con lo que yo pienso sobre el asunto, por lo que lo transcribo a continuación.

 

Los toros de fuego son un espectáculo discutible, las personas favorables a este espectáculo, dicen que el animal no sufre, pero lo cierto es que esta práctica es absolutamente discutible. El fuego causa pavor a todos  los animales ya que este es instintivamente identificado como una señal de peligro, por lo tanto el toro intenta desesperadamente apagar el fuego que le arde en los cuernos.

El líquido inflamable que ha sido untado previamente imposibilita que el fuego se apague inmediatamente.

Las  consecuencias  de esta práctica son terribles para los toros. En primer lugar, lógicamente, el toro se quema.

Aunque los defensores de los toros embolados digan que esto no es cierto y que al toro se le unta barro en el lomo para evitar que se queme, el barro se reseca y se desprende, con lo cual las chispas que se desprenden queman al toro en la cara, en el lomo y en los ojos.

Los cuernos también son un área sensible, que al calentarse provocan un terrible dolor, por eso yo creo que se deberían erradicar estas prácticas de todos los pueblos.

Hay cosas que los que están en contra del maltrato de los animales, tienen razón; lo mismo digo que a veces exageran porque no es lo mismo un toro de fuego que unas vaquillas subiendo y bajando por las calles, siempre y cuando no se las maltrate.

Por eso digo yo, no al toro de fuego y sí a otros espectáculos bien regulados, como vaquillas en las plazas o encierros por las calles.

 

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